LA RIOJA ES ASI

I
Llegar a La Rioja solo alegra
al riojano, se ha dicho; es eso cierto.
otros lares atraen con más fuerza
al viajero común, que nuestro suelo.

Se ha pregonado tanto tu pobreza
que nombrarte produce desaliento.
Será siempre lo mismo, dulce Rioja,
mientras no te conozcan, según creo.

Por eso diré ahora como eres;
que tenemos de malo, que de bueno.
Palabras de verdad y de justicia
son las que escribo, sin pasión ni exceso.

¡Viajero, es preciso que a La Rioja
llegues con entusiasmo, sin recelo;
disfrutes de sus noches estrelladas;
admires las cien gigas de sus cerros!

¡Mires con ojos tiernos al changuito
que pasa en su burro somnoliento,
con su cesto de brevas primerizas
o con naranjas a vender al pueblo!

En la plaza bordeada de naranjos,
Cuando cae la tarde de oro viejo,
¡como es dulce soñar bajo sus copas
mientras resbala en el follaje el viento!

En el llano, jarillas y algarrobos;
hirsuto cardonal en los faldeos
de la montaña abrupta; pero arriba,
la maravilla del más puro cielo.

Panoramas agrestes, luminosos;
un clima de excepción en el invierno;
rincones señalados de la historia;
costumbres arraigadas de otro tiempo.

Montañas con guanacos y venados
y yuyos olorosos y arroyuelos;
plantíos rozagantes de olivares
y vides y nogales opulentos.

En el campo reseco y castigado
por un sol despiadado, vastos predios
de bosque achaparrado, desteñido,
amarillo espinudo, polvoriento.

Delimita con ramas en los claros
-al son del hacha- con afán abiertos,
la tierra destinada a la siembra,
sus rústicos corrales y potreros.

Una fe sin fronteras es preciso
para darse a sembrar en este suelo.
Si fracasa, sabed que no le importa.
Cuando llueve otra vez, siembra de nuevo.

II

Si llegado es el tiempo de la chaya,
cuando todo es dulzura y es contento,
¡cómo es lindo a la sombra de las parras
cantar vidalas, sin que importe el tiempo!

O salir por las calles a caballo
en grupo alegre, como ayer lo hicieron
nuestros padres, con las cajas indias,
de una a otra casa por el pueblo,

en tanto que cohetes y petardos
encabritan las bestias con su estruendo
y el olor de la albahaca y de la pólvora,
de la fiesta pagana es su sahumerio.

Y beber de sus vinos exquisitos
sin excederse mucho, que no es bueno.
Lo preciso nomás, para que el alma,
pueda apreciar mejor todo lo bello.

Y si acaso tuvieras la fortuna,
entre muchos, de ser predilecto
de una mujer riojana, ya no hay duda,
¡dicha más grande sólo ofrece el cielo!

Perdonable es entonces si es que expresas
en canciones o gritos tu contento,
para que lo amplifique la montaña
y a todo rumbo lo difunda el viento.

Reconozco que somos casi todos,
un poco soñadores y otros lerdos.
Más si llama la patria, todo cambia.
la pachorra se vuelve encendimiento.

Con Facundo y el Chacho, demostrada
quedó ya la bravura y ardimiento.
Mendocinos lo saben, tucumanos,
sanjuaninos, puntanos y salteños.

Más no siempre es la fuerza y el coraje
lo que inflama con ímpetu los pechos.
Que si dio los Facundos de bravura,
también dio los González del talento.

Apegado a su tierra esperanzado,
sobrelleva reveces en silencio.
Rechaza el relumbrón, la pirotecnia,
Tan caros a la gente de otros pueblos.

Debajo su apatía y mansedumbre,
esconde un corazón de vivo fuego.
Si ser bueno en exceso perjudica,
el riojano jamás repara en ello.

Tal vez un poco huraños somos todos,
poco dados al ruido, a lo moderno.
La belleza sencilla nos cautiva;
la soledad nos gusta y el silencio.

Sencillez y humildad nos predicaste
San Francisco Solano, con provecho.
El ruido no hace bien ni el bien lo hace.
Nuestro modo de ser es a tu ejemplo.

San Nicolás de Bari, el Niño Alcalde
-fervor y tradición en este pueblo-
para angustias, zozobras y trabajos,
cual remansos de paz, bienes del cielo.

Testimonios de gracias y milagros
acrecentados al correr el tiempo,
los alféreces y allis numerosos
que forman de uno y otro su cortejo.

Proyección de un pasado legendario:
los humildes "pesebres" navideños;
el canto intraducible de los allis;
la fiesta pintoresca del "encuentro".

III

Unos nuevos Ramírez de Velasco,
con otras armas pero iguales sueños,
en pos de Famatinas prodigiosos,
la empresa continúa en el tiempo.

Pero ya no es el oro de las minas
el fin al que orientan los esfuerzos,
sino el agua escondida que nos falta
para hacer de este suelo polvoriento,

un pródigo de bien y de riqueza;
caminos que aceleren el progreso,
escuelas que acrecienten la cultura;
hombres sanos y fuertes y libérrimos

que se abracen, ayuden y comprendan
bajo un sol de justicia y un anhelo
permanente de paz. Así La Rioja,
como la patria toda, floreciendo...

Rioja de mi canto – 1953 -

 

 

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Cortina musical: fragmento del tema "Río sediento", de su hijo José Adolfo, compuesto para el poema del mismo nombre.

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